|
A las estaciones
de servicios ingresa el nivel de la población
con mayor poder adquisitivo de su zona, por
la simple razón de que ¨la esquina¨
vende un producto que es imprescindible para productores,
transportistas, paseantes y comerciantes.
Servicios al
vehículo
Hace 50 años, las estaciones
de servicios de todo el mundo estaban orientadas a
la atención exclusiva del vehículo:
despachaban combustible, cambiaban aceite,
engrasaban,lavaban, revisaban niveles de fluidos,
reparaban neumáticos. La atención al
vehículo se constituía en una
ceremonia que demandaba mucho tiempo.
Eran los tiempos de servicios al vehículo.
Servicios al vehículo y al usuario (I)
Pasando décadas, aquellas tareas
tareas básicas de la estación tendieron
a simplificarse como consecuencia de la evolución
tecnológica de los vehículos: se eliminaron
las graseras, se prolongaron los períodos de
cambio de aceite, se disminuyeron controles, y los
motores tuvieron mayor autonomía por más
quilómetros recorridos por litro de combustible.
Comenzó a generarse un cambio
espectacular en las estaciones de servicio en Europa
y los Estados Unidos. La atención se
dirigía también a las
necesidades del conductor del
vehículo y a sus acompañantes. En la
oficina de ventas, donde antes se exhibían
solo latas de aceite, repuestos y neumáticos,
se ofrecía refrescos,alimentos, golosinas,
cigarrillos, diarios y revistas. Se les denominó
¨tiendas de conveniencia¨. Estaban abiertas
al público todo el día y parte
de la noche, en horarios en que la mayoría
de los negocios cerraba, aplicando márgenes
mayores a los de los negocios que se dedicaban
en exclusividad a esos artículos. Era el tiempo
de servicios al vehículo y al usuario.
El presente del vehículo y del usuario (II)
Hoy, el período de mantenimiento
es más prolongado, las cajas de engranajes
no necesitan controles, las baterías son herméticas,
los neumáticos rara vez fallan, todos los componentes
del vehículo sufren menor desgaste. Confirmando
el nivel de calidad alcanzando, los fabricantes
de automóviles garantizan sus unidades
por 3 años o 100.000 quilómetros.
Y esta carrera entre fabricantes en pos de la excelencia
del producto automotriz con muy bajo costo de mantenimiento
está comenzando. La General Motors está
ofreciendo hoy autos para ser adquiridos por los empleados
de las empresas como si fueran teléfonos celulares.
Simultáneamente, las estaciones de servicio
de Europa y Estados Unidos incorporan nuevos productos
para ofrecer al usuario que ingresa a la estación
en busca de combustible. Ya no son lugares de despacho
de gasolinas o gas oil; son atractivos centros comerciales.
En una estación de servicios
de ruta a 50 kilómetros de París, por
ejemplo, el camionero estaciona su camión en
espacio vigilado, y con su tarjeta de crédito
accede a la compra de servicios de ducha, de lavadero
de ropa mientras descansa mirando televisión
en una sala especial o duerme en el motel del complejo;
compra comidas rápidas de cadenas de marcas
mundiales; envía una carta; retira dinero
de su cuenta bancaria; compra un oso peluche
para su hija, un rollo de foto o una postal o artesanía
de la zona; o un celular o medicamentos. Entra a Internet
para enviar o recibir mails, leer las noticias, y
tantas cosas más.
La situación del minimercado
en Uruguay
Nuestra plaza ha tenido un fuerte empuje
edilicio en esta dirección durante los últimos
diez años. Se han construido o remodelado un
número importante de salas con destino
a minimercados y, sin embargo, la cultura de compra en
ellos no ha acompañado al mismo ritmo
aquel empuje. El usuario continúa suponiendo
que los precios en los minimercados de las estaciones
de servicio son elevados y que solo en casos
impostergables comprará allí, aunque
en algunos rubros ya esté admitiendo equivalencias.
Los países vecinos nos llevan
una ventaja considerable. Comparando poblaciones similares
a las de nuestras ciudades y pueblos, el hábito
de comprar en minimercados es mucho mas frecuente
en Brasil, Argentina o Chile, que en Uruguay.
Con mercados de combustibles desregulados, la competencia
de precios de gasolinas en esos países es,
por momentos, feroz. En Sao Paulo, por ejemplo,
el precio del combustible puede variar de la mañana
a la tarde en la misma estación según la
hora pico de demanda, compitiendo calle por medio
con otra estación que cambia sus letreros electrónicos
de precios con la misma celeridad que su vecino.
Es en estas circunstancias, cuando el complemento
de otros negocios, de nuevos negocios, se convierte
en fuente fundamental, si no la principal, de
la composición del ingreso de dinero a la estación.
Y es en esos nuevos negocios donde los operadores
de las estaciones de los vecinos brasileros y argentinos
aplican hoy grandes esfuerzos con permanente diversificación
de ofertas de productos a todo usuario que ingresa
en la estación.
El manejo del minimercado en Uruguay
Hemos destacado la palabra
ingresa, y nos permitimos continuar haciéndolo,
porque precisamente, el negocio de la estación
tiene este excepcional privilegio que otros comercios
quisieran tener. En cualquier otro comercio,
el vehículo estaciona afuera.
El negocio del minimercado tiene estacionamiento en
la puerta, es vigilado, iluminado, y techado.
Sin embargo, las estadísticas indican que un
64 % de los usuarios de las estaciones de servicio
de Montevideo, queda sentado en su vehículo a
la espera del despacho del combustible solicitado.
En general, ese usuario no ve elementos atractivos en
su radio de visión: no le proponen ofertas,
nada despierta su curiosidad desde su anterior visita
a la estación. Mira sin ver los mismos carteles
de las distintas empresas proveedoras, generalmente
de bebidas o de tarjetas de crédito, pegados
en distinto orden en los vidrios y puerta del minimercado;
puede observar afuera un freezer para hielo, tal vez
unos atados de leña, dos tacos de madera,
un gato de carro y un cartel que decía ¨de
turno¨. A eso se reduce todo. ¿Conoce el
usuario la mercadería que hay detrás
de la puerta de entrada al minimercado y en qué
grado puede ser de utilidad para él?. Seguramente
no conoce. Tampoco podrá adivinarlo. Aguardará la
cuenta, apartará una propina por la limpieza
del parabrisa, pagará y se irá como
llegó.
Es común oír decir a los publicitarios,
en legítima defensa de su actividad, que ¨la
gallina pone un huevo y cacarea¨. Y tienen mucha
razón. En los negocios, como en el amor, la
otra parte no se enterará si no se le comunica.
La invitación a entrar
Un minimercado ya no es un grupo de
góndolas y heladeras, un mostrador con caja
registradora rodeada de golosinas y una cigarrera
arriba. Eso era.
Hoy la propuesta es distinta, porque se sabe cuál
será el comportamiento del usuario (ella o
él) al ingresar y circular por un minimercado, dónde
comenzará a mirar o hacia dónde se dirigirá
preferentemente según la hora del día
o de la noche; qué lugares son claves, qué
valor tiene lo exhibido arriba respecto de lo exhibido
abajo, qué colores le atraerán más;
cuanto vale un cartel en movimiento o un cartel iluminado, qué
impacto le produce un pila de productos en exhibición
por la nueva oferta imbatible de la semana, el tamaño
de los carteles con los precios, etc., etc. También
se conoce cuales son los mejores programas
de computación para caja y administración,
el valor del espejo convexo, del monitor de observación,
de la altura de las góndolas, y tantos detalles
importantes para un minimercado exitoso. Y por sobre
todas las cosas: qué exhibir de acuerdo a la
localización o zona donde se encuentra el minimercado.
Es necesario actualizar todo: reorganizar las góndolas
y exhibidores, reubicar la mercadería,
ejecutar planes periódicos de ofertas en acuerdo
con el proveedor y mostrar precios de supermercado
en aquellos rubros de rápida referencia.
Entonces será el momento
de invitar al usuario a entrar a tomar un café para
mostrarle las oportunidades de un remozado y actualizado
minimercado, siendo ésta una de las tareas
importantes del dueño de la estación.
(Los más exitosos fueron, sin excepción,
los que supieron estar en contacto personal y permanente
con el cliente). Tal vez el invitado no compre ese
día; pero recordará la invitación
y dónde recurrir cuando necesite uno de
los productos del minimercado. Desde luego que, en
horas pico preferiremos atenderlo rápidamente
en la pista para servir prestamente a quien espera
atrás.
Una adecuada administración
Cada proveedor le consume valioso tiempo,
esto es: el tiempo de una visita, mas el de una
entrega, mas el de la redacción de un cheque.
Es recomendable tender a la reducción del
número de proveedores para maximizar el tiempo
que será necesario destinar para la atención
de clientes, para dedicar a la administración
del negocio, o para el descanso.
Concentración de compras
Si se pudiera lograr la concentración
de compras en un número reducido de proveedores,
se emplearía menos tiempo en la atención
de visitas, (o en delegarlas), en controles
de entregas, (o en delegarlos), en pagos
con sus respectivos controles administrativos (o en
delegarlos) mas los costos de cheques y los inevitables errores
al redactarlos. Se reducirían costos por empleo
de equipos, en contabilización y
en revisión de largas cuentas bancarias. Se
abatirá el monto del capital ¨parado¨
en stock.
El proveedor útil es aquél que
abarca el mayor número de artículos
posible y, y fundamentalmente, el que maneja precios
que en promedio equivalen o son menores a los
de los diversos proveedores sustituidos. Es lo que
se da en llamar ¨el mix de productos y precios¨.
Por supuesto, será de buena disciplina administrativa
controlar periódicamente que tales promedios
se sigan cumpliendo y que el proveedor esté
enterado de que se ejercen esos controles.
Concentración del número de marcas
Dada la complejidad que tiene el minimercado
con muchos artículos y marcas, es aconsejable
reducir el número de marcas por artículo
y concentrar el stock en marcas conocidas localmente
o a nivel nacional. De esta manera, se negocia mejor
el precio de compra por mayor volumen, se controla
más fácilmente el stock, la mercadería
rota más rápidamente y se ofrecen productos
con vencimiento más extenso. Y, otra vez, se
reduce el capital invertido en mercaderías
de marcas poco conocidas y, por lo mismo, de
bajo movimiento.
|